miércoles, 23 de mayo de 2018

¿Me intoxico comiendo patatas?


El otro día me quedé de piedra cuando en una granja escuela se lanzó al aire y a los oídos de un montón de niños que si comes la piel de la patata, te puedes intoxicar, pero vaya, que hay que comer mucha para ponerte malo…..



No dije nada porque por un lado, no quería enredarme en un enfrentamiento absurdo con el monitor y porque total, los niños tampoco se quedaron marcados con la amenaza. Llevamos cientos de años consumiendo patatas y supongo que excepto casos muy concretos, todo el mundo se las come fritas, cocidas, al horno, generalmente peladas, lavadas y si a la hora de cocinar ves que tiene mala pinta no la utilizas. ¿Pero qué es lo que genera ese rumor?
Pues bien, la patata y otras plantas de la familia solanáceas tienen distribuida a lo largo de planta una sustancia llamada solanina que es un alcaloide. Los alcaloides son sustancias que producen las plantas en sus procesos metabólicos, formados a partir de aminoácidos y que puede tener efectos farmacológicos más o menos intensos. Aunque pueden ser base de tratamientos para la mente o el dolor, también pueden llegar a la cadena alimentaria a través de alimentos o de infusiones de plantas medicinales y tener un efecto tóxico en quien los consume. PERO PONGAMOS LOS PIES EN LA TIERRA

Patatas con tallos iniciales y coloración verdosa en la piel

La solanina es un alcaloide que se encuentra de modo natural en las hojas, tallos y en menor medida en los frutos y tubérculos de la solanáceas. Sirve de defensa ante animales herbívoros y parásitos que puedan atacar la planta y le confiere cierto olor amargo a la planta. Las solanáceas más comunes que llegan a nuestra mesa son la patata, el tomate, la berenjena y los pimientos. La cantidad de solanina del fruto disminuye progresivamente con la maduración de los frutos, y además desaparece con la cocción, y por lo que observo, lo más común es que nos comamos los tomates prácticamente rojos, los pimientos los compramos en su punto (los verdes también están maduros, se ponen rojos por un proceso natural), y nadie duda de si hoy se come la berenjena cruda o al horno, ¿no?
La patata que nos comemos es un tubérculo, un tallo engrosado que acumula nutrientes y reservas para la planta y que puede dar lugar a otros tallos si se dan las condiciones adecuadas de humedad, temperatura y luz. Aunque en casa se recomienda almacenarlas preservándolas de la luz, seguro que habréis tenido alguna patata a la que le crecen tallos o que tiene la piel verdosa.  En principio, el color verde es porque hay una acumulación de clorofila, el pigmento verde de las plantas que se sintetiza durante su metabolismo, pero claro, como producto de esta actividad metabólica también se acompaña de solanina. Por eso, no es recomendable utilizar patatas con brotes o zonas verdes, pero en la mayoría de los casos, eliminar bien la zona afectada con el cuchillo puede ser suficiente. Si tu idea era comerla asada, frita, o cocida con piel, lo mejor es que elijas una patata con la piel limpia y sin tallos. Pero de cualquier modo, la cantidad de solanina que puede generar problemas gastrointestinales o neurológicos va más allá de las patatas que cocemos para una ensalada… No es plan de cogerle miedo a un alimento tan sano, ni de quitarles por sistema un centímetro desde la piel: ¿sabeís que la patata es muy rica en vitamina C y que precisamente está bajo la piel? CON NO COMERLAS VERDES ES SUFICIENTE


miércoles, 16 de mayo de 2018

COMER DE TEMPORADA EN MAYO

De nuevo me he puesto a la tarea de rellenar la hoja de mayo con las frutas y verduras de temporada de este mes y he vuelto a comprobar lo difícil que es dar con dos calendarios que estén de acuerdo. Así que teniendo en cuenta lo que me traigo de la huerta de mi padre, lo que está a la venta en las fruterías en estas fechas y lo que recogen algunas páginas web de fiar he dado forma al calendario de temporada de mayo de lo que cuida mi cocina.



Como novedad del mes tenemos las primeras frutas de hueso: albaricoques y cerezas  nos empiezan a recordar que el calor está cerca.  Sin embargo, el calor no termina de calar y a estas frutas les vendrán bien unas semanas estables de temperaturas suaves para ganar color, tamaño y sabor y disfrutarlas así en todo su esplendor.  Todavía no las he probado porque prefiero que se afiance la recogida pero confieso que estoy deseando de cambios en mi naranja-mandarina-fresa dieta.


Albaricoques y cerezas: dulce y ácido a la vez, sabrosas bien maduras, y llenas de vitaminas antioxidantes y minerales. Con mucha agua en su composición, y azúcares que se asimilan lentamente en el organismo gracias a la cantidad de fibra que tienen estas frutas. Resultan refrescantes como tentempié y saludables como postre de mayores, de pequeños y de los que cuidan su línea. En la cocina tienen multitud de usos, ya que se comen crudos, en confituras, en repostería o desecados en el caso de los albaricoques (orejones). De su hueso o semilla se extraen aceites o aromas para uso en cosmética o en esencias culinarias. Como curiosidad, deciros que la semilla del albaricoque es tóxica en crudo (sin tratar) ya que tiene ácido cianhídrico.

Este mes es también el momento de comprar fresas y saborearlas dulces y jugosas antes de que se acabe la temporada, y también de aprovechar que ahora están mucho más económicas para hacerte con unos kilos y fabricar tu propia mermelada casera.

Alcachofas y espárragos siguen en auge, con precios en descenso que en el caso de los espárragos animan a comprar, a sabiendas de que este será el último mes de pleno disfrute ya que conforme avance junio estos frutos se irán angostando y endureciendo, y a aunque se sigan recogiendo a diario la esparraguera ya estará llegando a su fin.

Alcachofas, guisantes, habas, espárragos ajos frescos conviven de temporada en mayo
Los ajos que se empezaron a ver frescos en abril y de los que se aprovechaba su tallo verde ya están engordando y este mes puedes utilizar su bulbo todavía fresco como cualquier ajo, aunque con un toque más suave ya que el sabor no es tan intenso como cuando se diferencian los dientes y se seca.


Vainas de guisantes

Guisantes frescos

Los que ya tenemos afianzados en el mercado y a plena producción en campo son las vainas: alubia verde como verdura, y guisantes y habas, que aunque en fresco las consumimos como una verdura, son leguminosas que además aportan cantidades interesantes de proteína vegetal que ingeridas junto a cereales suponen proteínas completas similares a las de un alimento de origen animal. Todavía las habas son pequeñitas y se pueden comer con vaina, que es lo que llamamos calzón. Si las compras pequeñas y tiernas las puedes cocinar como las judías verdes, eliminando los extremos al limpiarlas, cociéndolas en trozos de unos 3 cm y aliñadas con unos ajitos fritos con o sin jamón, con o sin huevo, en menestra con guisantes y alcachofas…. En pocas semanas serán demasiado grandes y necesitaremos desgranarlas para comernos la  semilla o haba propiamente dicha, así que corre para aprovecharte de lo mejor de la temporada…¡¡que lo de estas verduras sí que son dos días!!
Habas en calzón

lunes, 7 de mayo de 2018

Razones, maneras e ideas para comer alcachofas


Esta exquisita verdura de temporada que encontramos en el mercado durante estos meses destaca por sus propiedades nutritivas y culinarias porque además de convertir en delicioso y elegante cualquier plato resulta tan versátil que se puede preparar y acompañar de muchas maneras. Esta semana nos toca comer de nuevo porque ayer estuve en mi pueblo y mi padre me puso algo más de una docena, pequeñitas y prietas que tienen que estar de pecado...
 
 
¿Por qué es tan saludable?
 
Porque está formada fundamentalmente por agua
  • Porque contiene hidratos de carbono complejos, de los que tardan en metabolizarse: la mayoría son inulina y fibra. Esta fibra vegetal pasa directamente al intestino favoreciendo la actividad de las bacterias que tenemos y actuando como prebiótico. La inulina es un hidrato de carbono formado por fructosa, pero nuestro organismo no tiene enzimas para hidrolizar o descomponer la inulina, así que llega casi sin asimilar al intestino, con lo cual apenas libera fructosa. Además, la poca fructosa que se libera no requiere insulina para metabolizarse con lo que la alcachofa es un alimento 10 en cualquier dieta para la diabetes.
  • Todo lo anterior la convierte en un alimento saciante. Pero seguimos: es rica en sodio, potasio, fósforo, calcio y vitaminas B1 (más que el huevo de gallina) y B3, aunque lo que destaca de su composición son unas sustancias que se encuentran en cantidad pequeña pero que tienen efectos muy positivos en el organismo: cinarina y esteroles. La cinarina favorece el buen funcionamiento del hígado ya que aumenta la producción de bilis y ayuda en la digestión de las grasas. También tiene efecto diurético, mejorando la retención de líquidos, y junto a los esteroles ayuda a mantener a raya los niveles de colesterol.
 
 
Sea por lo que sea me chiflan las alcachofas y me las puedo comer sin aderezo recién sacadas de la vaporera o de la cazuela, aunque no puedo negar que con huevo, arroz, o jamón ya es un manjar de dioses. Pero no todo es adoración: para comerlas hay que pelarlas y aunque da un poco de perecilla al final sólo es ponerse. Si lo de limpiarlas no es lo tuyo, las puedes encontrar pelada y envasadas en el mercado, pero si le dedicas 15 minutos a la tarea las tendrás en la cazuela en un abrir y cerrar de ojos. Lo de las alcachofas no tiene misterio: consiste en ir arrancando las hojas o brácteas desde el exterior hasta llegar al cogollo prieto y verde claro y entonces cortar el tercio superior del cogollo. Si te pasas limpiando se quedará en nada y se deshará al cocer, y si no están suficientemente limpias no podrás tragarlas, así que como truqui te diré que cuando consideres que has quitado suficientes hojas (pero sin pasarse) intentes dar el corte y si el cuchillo no ofrece resistencia es que has limpiado bastante. Al comprarlas suelen tener un trocito de tallo, que si lo pelas y cueces también se puede aprovechar, depende de gustos, pero puede estar presente en menestras, en revueltos o en guisos como una verdura más. Para evitar que se oscurezcan por oxidación se frotan con limón, o se ponen en agua con zumo de limón o unas gotas de vinagre hasta el momento de cocinar. Otra posibilidad es cocerlas directamente sin pelar en agua con limón y una vez cocidas en 15-20 minutos (o 5 minutos en la olla exprés), pelarlas. Esto último tiene un pero y es que las alcachofas sin pelar ocupan mucho espacio y no puedes cocer muchas a la vez de no ser que tengas una una cazuela muy grande, pero la ventaja es que una vez templadas se pelan fácilmente.
Hay tres maneras básicas de cocinar alcachofas: al vapor, hervidas en agua, o guisadas.
1- La primera es básica: una vez limpias las alcachofas, enteras o en mitades, se colocan en una vaporera (o en un recipiente tapado apto para cocer al vapor que evite el contacto con el agua) y una vez que el agua esté hirviendo se tienen durante unos 20-25 minutos o cuando al pincharlas con un tenedor estén blandas. Esta cocción conserva todas sus propiedades y también el color. Es la técnica ideal para comerlas en ensalada, rebozadas o al horno porque no han tomado agua del exterior. Pruébalas con queso, tomate y daditos de jamón cocido, o de pavo y pollo, huevo cocido rallado aliñadas con un buen chorro de aceite de oliva para una cena completa. Sustituye la carne por frutos secos si eliges la opción vegetariana y además el queso y el huevo por tofu salteado con pimienta negra y salsa de soja para tu cena vegana.

Rebozadas tampoco tienen desperdicio. Salpimentadas antes del rebozado con harina y huevo, con harina de garbanzo o de maíz (que no maicena), será un entrante ideal o un ingrediente de lujo en una menestra de verduras.
2- Si las hervimos, puedes añadir sal y unas gotas de limón al agua e incorporar las alcachofas una vez que el agua está hirviendo. De esta manera, además de preservar más nutrientes evitaremos que se oscurezcan. El tiempo variará de si te gusta más o menos “al dente”, pero 10-15 minutos serán suficientes. ¡Importante! Sácalas con una espumadera en cuanto apagues el fuego para no prolongar la cocción ni perder color. Dora unos dientes de ajo en una sartén con aceite de oliva, añade una cucharadita de harina y deja que se cocine, añade unos taquitos de jamón, un poco de vino blanco y un poco de caldo de verduras o pollo, y cuando haya reducido un poco viértelo sobre las alcachofas y deja hervir un poco más para que se mezclen los sabores. Una delicia sin complicaciones: si no tienes caldo, añade un poquito de agua, y si no comes jamón pues no le eches; ¡estará igual de bueno!
Menestra de verduras
3- Otra opción es ahorrarte manchar una sartén de más y guisarlas directamente. Una vez limpias las partes en cuartos y las echas a una cazuela donde hayas sofrito ajos y cebolla en taquitos o brunoise. Unos tacos de jamón, un poquito de vino blanco y agua hasta cubrir más o menos la mitad de las alcachofas, sal, pimienta y 15 minutos terminarán la tarea.
¡Y así de fácil! Ahora con un huevo pochado ya tienes la cena en dos minutos, o igual prefieres mezclarlas con quínoa o cuscús, o añadirlas a una paella de pollo o de sepia, o con setas, o con un poco de foie a la plancha… ¡¡Un lujo!!
Alcachofas con quínoa y jamón
Paella de verduras, pescado y alcachofas
 




viernes, 27 de abril de 2018

ABRIL: rojos, verdes y blancos marcan la temporada


Ya llevamos más de un mes de primavera y además por fin hemos visto el sol, nos hemos quitado los abrigos y hasta hemos enseñado los dedillos de los pies. Primavera loca, que me temo nos hará volver a las chaquetas gordas, chubasqueros y paraguas, y a los platos calientes de cuchara que me gustan tanto. Pero lo cierto es que con la primavera llegan frutas y verduras de un montón de colores que además de apetitosos y nutritivos, también nos ponen a punto por dentro preparándonos para comidas más ligeras y más adecuadas para un tiempo algo más cálido. Comer de temporada es más barato porque la producción está en su apogeo, más nutritivo porque se produce más cerca evitando largos  transportes o almacenajes, y más saludable porque le cae mejor al cuerpo. 
Se me ha ocurrido que podía hacer una reseña mensual con las frutas y verduras propias de esa temporada así que antes de que se acabe el mes de abril vamos a la tarea. Consultando una serie de calendarios de frutas y verduras he comprobado lo confuso que es saber qué es lo que verdaderamente te ofrece la estación en la que estás. Cuando yo era pequeña, lo único que era lo que nos daba el huerto, o el regadío como lo llamamos en mi pueblo, así que estaba claro que comíamos de temporada, eso sí, terminabas hasta el gorro de comer todos los días lo mismo…En estos tiempos la producción en invernadero o la importación hacen que no carezcamos de nada, pero ¿que tenemos en primavera de temporada? Y más en concreto ¿Qué encontramos en el mes de abril? Pues aunque depende del clima local y de la variedad en este mes encontramos:

Fresas: ya están próximas a acabar la temporada. Recuerdo la ilusión que me hacía ver las primeras fresas que traía a mi abuelo del regadío…empezaba a hacer calor, iba sin abrigo a la escuela…. ¡¡Era primavera!! Aquellas frutillas eran pequeñas pero sabrosas. Ahora ya casi no se ven. Comemos fresones enormes desde el mes de enero, los pagamos a un precio que aún nos parece barato, pero cuando verdaderamente están en su mejor momento es en los meses de marzo y abril, y a un precio ridículo comparado con el de primeros de año. A la hora de comprar fijaros en que estén rojas, y cuidado que a veces en las bandejas están las pochas por abajo. Una vez en casa mejor dejarlas a la fresca y lavarlas sin cortar el rabito para que no se llenen de agua por dentro. Si no las vas a comer en el momento, secar bien para que se conserven mejor: la humedad solo favorece la podredumbre.


Espárragos verdes y blancos: aunque encontramos espárragos verdes de importación en el súper durante todo el año, estos tallos están ahora en su máximo esplendor y sabor. El espárrago blanco, típico de la tierras que riega el Ebro, lo veremos hasta casi el mes de junio, aunque su tersura no será la misma conforme avance la estación. A la hora de comprar su precio variará dependiendo del grosor y del color. Si el espárrago tiene la yema un poco morada es porque le ha dado la luz antes de ser cortado, por eso su precio suele ser un poco más bajo que si son blanquitos. De cualquier modo, el espárrago se recolecta diariamente de noche, y la frescura se refleja en el corte del tallo: si el corte está marrón y con aspecto seco lleva más días recogido, así que fijaros en lo que compráis (y pagáis).







Alcachofas, guisantes, acelgas, espinacas, endivias, y apio son verduras que podemos encontrar ahora de temporada y a un precio más que asequible. Sobra decir que a la hora de comprar hay que elegir siempre aquellas con los colores vivos y de aspecto tierno. Por ejemplo, al comprar alcachofas hay que fijarse en que las hojas estén apretadas y duras (si no tirarás la mayor partea la basura), y la misma tersura se le exige a la vaina del guisante: vainas verdes y apretadas te aseguran un producto de calidad.

También está de temporada el aguacate. Aunque este magnífico fruto lo podemos encontrar todo el año importado de países tropicales, la producción nacional se concentra en el sur de España fundamentalmente. Personalmente me encanta el aguacate y me da mucha rabia pagar por un fruto que luego está pasado o no se puede probar de duro. Como consejillo, si cede a la presión y al quitarle el botón superior está amarillo, está en su punto. Si el botón es verde estará duro y si está marrón o gris, aprovecha lo que puedas…
Me quedo aquí porque no conviene extenderse pero estaría bien alguna recetilla con alimentos de temporada ¿no?. Me pongo a ello ya que mayo está a la vuelta de la esquina y también tendrá sus protagonistas en la cocina
A cuidarse!! 



lunes, 23 de abril de 2018

Comer para ser feliz (y ser feliz comiendo)


En el anterior post vimos que algunos alimentos habituales pueden ayudarnos a sentirnos mejor física y mentalmente. No nos van cambiar el carácter de serie pero desde luego ayudarán a modular los estados de humor que muchas ocasiones van asociados a los niveles hormonales. Alimentos ricos en triptófano, un aminoácido constituyente de proteínas, pueden favorecer la síntesis de hormonas y de neurotransmisores cerebrales como la serotonina que ayuda a la conciliación del sueño o  a mantener un tono vital más optimista.. Pues bien, hoy toca repasar los alimentos que podrían considerarse antidepresivos naturales, teniendo claro que ni hay que abusar de ellos ni pensar que te van a solucionar la vida. Simplemente hay que incluirlos en la rutina de comidas, porque además de “antidepresivos” son saludables y nutritivos.


El triptófano es un aminoácido esencial para la síntesis de proteínas, y debe ser obtenido de la dieta ya que no podemos sintetizarlo en el organismo. Además de precursor de serotonina es también necesario para la síntesis de vitamina B3 (niacina o PP). La dosis diaria de triptófano para humanos adultos varía entre 250-450 mg/día, siendo sus necesidades mayores en recién nacidos y niños. Sin embargo, esta cantidad de triptófano requerida por el organismo es mucho menor que la de otros aminoácidos, lo que sugiere que con ingerir la cantidad suficiente de alimentos ricos en proteínas de origen vegetal y animal estaríamos obteniendo lo que necesitamos. Hay suplementos de triptófano que se utilizan para la depresión, la hiperactividad, el síndrome premestrual.., pero desde mi humilde punto de vista es mejor que el alivio de estos síntomas lo prescriba un médico, porque no está descrito cual es la dosis máxima segura de triptófano y un exceso puede tener efectos secundarios contraproducentes.

¿Dónde encontramos buenas fuentes de triptófano?

  • de origen animal

Leche, queso y productos lácteos: una de las mayores fuentes de triptófano es la leche materna, aunque la leche de vaca y su versión sólida el queso también contienen cantidades importantes de este aminoácido, por ello hay quien recomienda tomar un vaso de leche antes de dormir para conciliar mejor el sueño



Huevos: ricos en proteínas, lípidos y una de las principales fuentes de triptófano.

Carnes: especialmente carnes magras de pavo y pollo.

Mariscos: almejas, berberechos..

Pescado azul: Salmón, trucha, arenques, sardinas, atún….son ricos en triptófano y ácidos grasos omega 3. Adecuados para niños, aunque si eliges los de gran tamaño como el salmón que pueden acumular metales pesados hay que reducir la cantidad y la frecuencia en los pequeños de la casa y en embarazadas.

  • de origen vegetal

Cereales y semillas: arroz integral, avena, germen de trigo, sésamo o ajonjolí, sésamo, pipas de calabaza y de girasol.

Legumbre: garbanzos, soja, guisantes, lentejas, cacahuetes.

Granos de cacao: el triptófano se encuentra en el cacao, no en el azúcar del chocolate, así que elegid aquellos con alto porcentaje de cacao. Todos sabemos que el chocolate no nos lo comemos por salud, sino por placer (seamos sinceros…) así que recordad el principio de moderación…


Frutas y verduras: hinojo, aguacate, verduras de hoja verde (espinaca, rúcula), crucíferas como la col o el brócoli son ricos en triptófano…..



La piña, el mango, los arándanos y el plátano: vitaminas, fibras y además el postre ideal de noche porque el cerebro transforma el triptófano en melatonina, la hormona del sueño.

Frutos secos: nueces, anacardos y avellanas destacan en este aminoácido.



Pero el triptófano necesita de hidratos de carbono para transformarse en serotonina, vaya, que a veces, cuando estamos de bajón y nos apetece algo dulce, puede ser que lo necesitemos para producir serotonina y equilibrar nuestro ánimo. Que esto ocurra por metabolismo no justifica atracones de dulces. Lo ideal es incluir a diario un poco de todo, predominando frutas, verduras, hidratos ( pasta, pan, arroz, patatas, legumbres..) y proteínas que eviten carencias. Imagina el “subidón” después de un plato de garbanzos con arroz y espinacas, un plátano y una pastillita de chocolate de postre…¡¡energía y humor para todo el día!!

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Cuidaros!!!

martes, 17 de abril de 2018

¿ASTENIA YO? ¡¡SI ESOS SON COSAS DE LA PRIMAVERA!!


Aunque a algunos de nosotros este estado vital nos puede acompañar cualquier día en cualquier estación del año, la RAE define ASTENIA como “decaimiento de fuerzas caracterizado por apatía, fatiga física o ausencia de iniciativa”; seguro que conoces la sensación ¿verdad?. Bueno, pues esta sensación de debilidad o de desgana denominada astenia parece ser un trastorno que nos afecta tanto física como mentalmente fundamentalmente en primavera cuyas causas ni están muy bien estudiadas ni definidas. Lo cierto es que con la llegada de la primavera a algunas personas se sienten más cansadas, somnolientas, con alteraciones del sueño, irritables, ansiosas, con problemas de concentración, pérdida de apetito, cefaleas, disminución de la libido .…. La verdad es que después de una mala noche es probable que tengamos un día que presente irritabilidad, apatía y dolor de cabeza, así que tengo mis dudas si todo son síntomas de astenia primaveral o consecuencias de una mayor “excitabilidad” que nos impide un descanso nocturno adecuado que a su vez induce la des -motivación diurna… De cualquier modo, los especialistas (y hablo de médicos) coinciden en que no hay ningún estudio científico que relacione este estado anímico con la primavera ni con sentirnos peor que en cualquier otro mes del año, sin embargo, es un tema de consulta con nombre propio, que se diagnostica a algunas personas y para el que hay una serie de pautas y recomendaciones.


Si que parece ser que los cambios de luz, de hora y de tiempo atmosférico de estas fechas, producen alteraciones en la secreción de hormonas (endorfinas, cortisol, melatonina..) que alteran nuestro reloj biológico interno o ciclos circadianos. Si desciende el nivel de endorfinas, disminuye nuestra sensación de placer; si aumenta el cortisol nos sentimos estresados y si disminuye la melatonina tenemos problemas para conciliar el sueño.. En estas circunstancias nadie está para echar cohetes… En la mayoría de los casos, si no hay otros síntomas más graves que encubran una depresión, este estado se supera en una o dos semanas con rutinas física y mentalmente saludables que ayuden a nuestro organismo a remontar y a producir serotonina (nuestra hormona de la felicidad) para compensar estos desajustes.

Adecuar nuestro horario a la nueva hora, intentar mantener los horarios de comida y de acostarse o despertarse, tener algún momento dedicado al ejercicio físico, ayuda a nuestro reajuste interno casi sin darnos cuenta. Además, hay que nutrirse; tenemos que darle al cuerpo lo que necesita para producir todas esas sustancias que nos hacen sentir bien. Existen suplementos como el polen de abeja (olvídate si eres de los que pasas una primavera amargado por la alergia), la jalea real o la levadura de cerveza que se pueden tomar en momentos determinados para obtener un empujón de energía, pero hay una variedad enorme de alimentos que contienen precursores de serotonina que nos harán la vida más fácil. Por ejemplo, el triptófano es un aminoácido esencial que debe ser incorporado por la dieta y que favorece la producción de melatonina y de serotonina. Incorporando a nuestra dieta alimentos como el plátano, los lácteos, las legumbres, los frutos secos o los cereales integrales estamos consiguiendo dosis importantes de triptófano. Pero para la producción de serotonina, el triptófano debe asociarse con azúcares (hidratos de carbono), vitamina B6, ácidos grasos omega 3, y magnesio entre otros, es decir, cuanto más variada sea la dieta más disponibilidad de nutrientes tenemos para producir a su vez otros nutrientes, otro neurotransmisor…. 

Quedan tantas cosas por decir de estas sustancias y de los alimentos que las contienen que darán para unos cuantos post. De momento, mi reflexión es que no sé si somos lo que comemos, pero está claro que lo que comemos puede hacer que nos sintamos mejor. Siempre hemos oído que el cuerpo es sabio, pero si le damos una ayudita se lo ponemos más fácil (FELIZ)
Seguiremos conociendo más de estas sustancias, así que para estar al tanto de todo no olvides suscribirte al blog y poder así participar con tus comentarios☺️

lunes, 9 de abril de 2018

COLIFLOR: flores tan beneficiosas como olorosas

Blanca, prieta y crujiente. La coliflor pertenece a la familia de las Crucíferas, y como el brócoli o la col se agrupa en el género Brassica. La coliflor blanca que estamos acostumbrados a ver en los mercados se denomina Brassica oleracea var. Botrytis, pero podemos encontrar también otras variedades de coliflor de color naranja o violeta, en función del pigmento predominante en su composición.  Originaria de Oriente, esta planta anual que se puede encontrar en los mercados desde el otoño hasta la primavera, ofrece magnificas bondades a la salud a un precio más que justo que compensan los olores de su cocción y de su digestión.
La coliflor: ramilletes de salud

Lo que nos comemos de la coliflor es la inflorescencia de la planta, es decir una agrupación de flores no desarrolladas. El color blanco de estos cogollos se debe a que están rodeados de grandes hojas verdes que evitan el paso de luz y la síntesis de clorofila. 

Compra siempre cogollos de apariencia apretada y  sin manchas para garantizar mayor frescura

En su composición nutricional abunda fundamentalmente el agua (92%), con una mínima presencia de hidratos de carbono y proteínas y prácticamente nula en grasas. El alimento ideal para la salud, hipocalórica, saciante (buena fuente de fibra vegetal) y con altas cantidades de minerales, vitaminas, y de compuestos con actividad protectora para el organismo.


Entre sus vitaminas destaca la presencia de vitamina C, que además de acción antioxidante, favorece la síntesis de colágeno y la absorción de hierro. Contiene cantidades importantes de algunas vitaminas del grupo B, fundamentalmente B6,  importante en el metabolismo del glucógeno, en la formación de glóbulos rojos  y en el buen funcionamiento del sistema inmunológico entre otros. Presenta un porcentaje importante de folatos, compuestos derivados del ácido fólico (Vit.B9), con papel significativo en la producción de glóbulos rojos y blancos, en la síntesis de material genético (ADN) y en la formación de anticuerpos del sistema inmunológico.


Abundante en minerales como el potasio (K), lo que la hace ideal en dietas para la hipertensión, y en magnesio (Mg), importante en formación de huesos y dientes, buen funcionamiento de intestino, nervios y músculos….Pero no acaba aquí: las verduras del género Brassica contienen cantidades elevadas de elementos fitoquímicos (glucosinolatos, isotiocianatos e indoles) cuyo consumo regular se ha comprobado que ejerce efectos promotores de la salud, como reducción o mejora de enfermedades cardiovasculares y de algunos tipos de cáncer. Estos compuestos tienen alta cantidad de azufre, que es precisamente el responsable del fuerte olor que desprende durante su cocción y que puede ocasionar meteorismo durante su digestión.

En definitiva, los beneficios del consumo de coliflor son mucho mayores que las pequeñas pegas. Algunos pequeños consejos de cocción para preservar al máximo sus cualidades nutricionales son utilizar técnicas de vapor o añadir a la cazuela cuando el agua está hirviendo, con cocciones próximas a los cinco minutos que permitan texturas al dente. Además un par de cucharadas de vinagre, o especias como el jengibre evitarán que todos tus vecinos sepan que es lo que vas a comer hoy.
¡¡Aprovecha que la temporada llega a su fin!!

TARTA RED VELVET